domingo, 31 de julio de 2011

Ella








Es esa sensación placentera que sentía al momento que estaba conmigo, que estaba junto a mí. Noches de inquietante complicidad, noches que le dedicaba a ella sabiendo que me haría daño. No sé quien buscaba a quien, sólo sé que mi cuerpo sentía ese fervor cada vez que entraba en mi. Sus momentos fueron agradables, le gustaba confundirme o quizás yo estaba confundido y me hacía ver lo que mis ojos y mi mente se limitaba a hacer. 
Cuando estaba con ella los segundos eran horas, las palabras eran incomodas; era vulnerable al dolor pero también a la felicidad. Nunca estaba sola, siempre le gustaba estar rodeada de personas de forma oculta, jamás estudió, a lo contrario, le gustaba que la estudiaran. No tenía religión. Pasaba de mano en mano pero no era prostituta. Su casa era tan pequeña como el bolsillo de un pantalón y podía estar en todas partes, pero aún así, era difícil conseguirla. Nunca creyó en nadie, para ella alguien era un simple juego como lo fui yo y como han sido muchos. Se veía tan pura como el blanco de su color de piel pero su imagen engañaba; esa era la forma de atrapar. 
Siempre me tomaba por sorpresa aunque ya sabia que estaba cerca de mi por su característico olor. No usaba el mejor perfume del mercado y tampoco le importaba. Tenia mucho poder de convencimiento para personas con mentes débiles como la mía, esa quizás también fue la razón por la que nos encontramos. Sabía que no me gustaba estar mucho a su lado, pero esas ocasiones con ella eran intensas: me despertaba, me desvelaba, me estimulaba, me animaba para luego desaparecer sin dejar alguna señal de donde pudo haber ido. Ella sabía donde podía encontrarla, pero eran suposiciones mentales que te dejaba al día siguiente. Nunca le gustaba que nadie estuviese seguro de su paradero. Así es ella, te arrastraba y te soltaba cuando tu mismo al verte al espejo te desconocieras. Así es ella.

sábado, 30 de julio de 2011

mi mejor amigo no es un perro.






No acostumbro a prenderlo y dejarme que mis pulmones consuman su humo, quizás porque la primera vez que lo hice no me fue tan bien como lo esperaba, ese temor de no ser descubierto en la clandestinidad del baño de mi casa. Pero siento la necesidad de hacerlo esta noche; esa obligación que hace que mis manos tiemblen de frío por un cuerpo extasiado con ganas de querer probar lo que rara vez acostumbro a darle. Ver la llama consumirse lentamente, oler su despreciable fragancia, sentir como su frío y caliente humo quema mi garganta que basta con un sólo respirar para abordar en mis vírgenes, pero no puros pulmones llenos de aire contaminado. 
Creí que nunca nos llevaríamos bien; siempre traté de obviarlo pero insistía en que lo dejara conocer. Lo miro fijamente, siento que habla sin decir palabras y también siento como me entiende con solo leer mi mente. Hoy conoce mis necesidades, sabe quién he sido y el por qué lo busque esta noche, pero lo que más me agrada de él, es que sabe la respuestas a todas mis preguntas, a mis inquietudes y me afirma lo que vengo dudando. 
A mis labios les gusta sentir ese sabor de experiencia que emana con cada respiro que inhalo, soltado por un suspiro y una sonrisa de satisfacción que me hace sentir que todo está bien aunque fuese lo contrario. Veo mis historias reflejadas en las cenizas que poco a poco estorban entre lo que nos decimos, aunque esa es su forma de decir que ya debería darle paso a nuevas oportunidades. Ya mis ojos reflejan el momento de su partida, haberlo visto esta noche fue tan complaciente que no deja tristeza alguna en mi, a lo contrario, le gusta irse porque cuando regrese quiere escuchar nuevas historias.